domingo, 13 de diciembre de 2015

Contrarreloj.

Tengo diez minutos y he perdido uno en cambiar el estilo de letra. Creo que esto me define. En diez minutos tengo que contar que ya no puedo más. Que la montaña rusa me está volviendo a ganar. Que tengo muchos minutos en los que amo la vida, y tengo muchos otros en los que solo quiero abandonar. 
¿No se va a parar nunca? Necesito bajarme, mirarlo desde abajo y decidir que quiero volver a subirme (o no). Quiero recuperar la ilusión y volver a trabajar desde el principio como si no hubiese mañana (o no). 
Con el tiempo, con todo este tiempo, he aprendido a valorar mucho más los paréntesis en mi vida. Aprendí que trabajar puede ser muy gratificante, incluso bonito, pero cuando no sabes cómo hacerlo puede ser tu más absoluta perdición (aunque sea la perdición, siempre hay un paréntesis). Aún así, por bonito que sea, nunca fuiste capaz de trabajar sin parar, y ahora no eres menos, y te metiste en un paréntesis.
Y ahora, cuando se ha acabado ya el paréntesis, estoy otra vez arriba, dónde no puedo decidir si quiero mi ilusión. Y claro, volviendo a caer. Pero, en realidad, mi cuerpo está arriba y yo sigo dentro de mi paréntesis mental (o no).
PD: Se me acabó el tiempo y no pude ni siquiera releer.