sábado, 23 de mayo de 2015

¿Yo?

Seguimos tropezando con la misma piedra. Aunque no la recordemos, ahí está. Siempre presente. Para recordarnos y volver, una y otra vez, que en el fondo, quizá no hemos cambiado tanto.
No sé si me acaba de sorprender para bien o para mal esto de seguir siendo exactamente el mismo. No recuerdo en qué momento decidí empezar con esto, pero ahora que lo veo, creo que en algún momento me sentí como ahora: como eso de no saber quién eres.
Me miro muchas veces en el espejo y no me reconozco. Resuena una y otra vez ese verso de Sharif que rezaba que siempre seríamos los mismos, que no cambiamos el mundo, pero él tampoco a nosotros; y sin embargo, pienso que todo esto no para de cambiarme. Mei, realmente nunca fuiste un tío con unos sentimientos sanos, no te engañes. Pero más allá de eso, creo que esto me está viniendo grande.
De verdad, es la soledad más agobiante que sentí nunca. Quizá antes me sentía solo porque sentía que realmente no tenía a nadie. Ahora sé que sí, que sé de gente, están ahí, y sin embargo, no vale. No sé qué es lo que busco, no sé que es lo que necesito.
Hace tiempo que no sonrío una semana. Hace tiempo que no dejo pasar el tiempo sin más. Hace tiempo que no soy capaz de dar nada por nadie. Hace tiempo que nadie me entusiasma. Hace tiempo que no quiero cambiar el mundo. Hace tiempo que no soy capaz de medir mis acciones. Hace tiempo que pasan cosas por mi vida que no soy capaz de entender. Hace tiempo que no me ilusiono. Hace tiempo que no tengo expectativas.
Y, sin embargo, no hace tiempo que quiero dejar la carrera. No hace tiempo que quiero depender de mi mismo. No hace tiempo que quiero cambiar. No hace tiempo que quiero dejar de ser yo, este yo.

Sabéis? A veces, todos los ídolos son de de barro. Y hay alguien por aquí, que no quiere ver que igual ser de barro no es tan malo, solo hay que acostumbrarse a estar siempre embarrado.

(La escala de sentimientos? Para otro día)